Aunque se decía ateo, Freud no renegó del judaísmo pues era miembro de la logia masónica judía B’Nai B’rith.

Rebuscando por la Red alguna mención de Freud al judaísmo, me encontré con un rabino que afirmaba que el psicoanálisis fue la continuación del Talmud: que la práctica de la interpretación de los sueños formaba parte del linaje del judaísmo (como ya os conté al hablar de José, “psicoanalista” del Faraón).
No puedo estar más de acuerdo: es imposible entender los fundamentos del psicoanálisis sin reconocer que Freud inventó esta herramienta porque quería liberarse del ancestral trauma judío. La prueba está en que los dos únicos ensayos sobre otros temas que no versaran sobre psicoanálisis publicados por Freud giran en torno a… Moisés: ¡del que llega a decir que era en realidad un Faraón!
El problema de Freud es que no se daba cuenta de su propio trauma, porque no podía. No era capaz.
En la página 68 de El Malestar en la cultura, deja claro que, pese a considerarse ateo, sigue traumatizado con Yahvé. “El pueblo de Israel se consideraba hijo predilecto del Señor, y cuando este gran Padre le hizo sufrir desgracia tras desgracia, de ningún modo llegó a dudar de esa relación privilegiada con dios ni de su poderío y justicia, sino que creó los Profetas, que debían reprocharle su pecaminosidad, e hizo surgir de su sentimiento de culpabilidad los serenísimos preceptos de la religión sacerdotal“.
El estigma del trauma judío con el dios que no les ama sino que les chantajea planea por toda la obra de Freud, aunque se disfraza con el concepto del “Superyo”: señal de que al señor Sigmund le producía pánico decirlo claramente. “Por consiguiente: conocemos dos orígenes del sentimiento de culpabilidad: uno es el miedo a la autoridad; el segundo, más reciente, es el temor al super-yo. El primero obliga a renunciar a la satisfacción de los instintos, el segundo impulsa, además, al castigo, dado que no es posible ocultar ante el súper-yo la persistencia de los deseos prohibidos”. [Superyo es Dios para los que se dicen 'ateos'). Más adelante lo dice más claramente: "El superyo tortura al pecaminoso yo" (se refiere a Dios o la conciencia del Bien y del Mal).