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La primera vez que la vio quedó fuertemente impresionado con su cuerpo, pero tuvo que esperar a que oscureciera para que todos los demás se fueran a su casa y poder, al fin, quedarse a solas con ella. Como era el miembro más joven del personal, regularmente lo dejaban sólo para que hiciera la guardia nocturna, pero no le importaba ya que para él era maravilloso quedarse en la morgue rodeado de cadáveres femeninos.
El joven estaba tan excitado con el cuerpo de una adolescente que, por primera vez tomó un poco de la sangre de un cadáver, luego se subió sobre el cuerpo y realizó el acto sexual.
Esto es únicamente una pequeña parte de la historia clínica de un empleado de 21 años de una morgue, realizada por el doctor Joseph Paul De River en 1956 y publicada en el libro The Sexual Criminal: A Psychoanalytical Study.
La historia de ese joven necrófilo comenzó cuando tenía 18 años. A esa edad le tocó sufrir la pérdida de su novia, quien murió de tuberculosis pulmonar. El suceso por supuesto le resultó traumático.
El informe de Joseph Paul De River dice que el joven y la muchacha sólo habían mantenido relaciones sexuales una vez, por lo que, cuando la vio muerta, la abrazó y lamentó no poderlo hacerlo con ella nunca más, sin embargo, al tener contacto con el cadáver de su amada sintió un fuerte deseo sexual.
La necrofilia es más frecuente de lo que crees
El tema de la necrofilia no ha sido muy estudiada por los psiquiatras o psicólogos porque sigue tratándose de un asunto que resulta complicado o incómodo de reconocer por parte de quienes tienen esas tendencias.
Uno de los estudios más completos que apareció sobre el tema fue el del destacado psicoanalista alemán Erich Fromm, quien en su obra Anatomía de la destructividad humana realizó uno de los primeros intentos para descifrar el carácter por el cual algunas personas sentían deseo sexual por los cadáveres.
Una de las primeras conclusiones a las que llegó es que la necrofilia es mucho más frecuente de lo que suele suponerse, pero es difícil de detectarla ya que, explica el psicólogo, es muy complicado para las personas descubrir que sienten atracción por alguien muerto si no entran en contacto con algún cadáver; algo que no suele ser usual o cotidiano.
Háganse esta pregunta: ¿Cuántas veces en su vida han tenido contacto con alguien muerto? Es muy raro y poco usual, pero no lo es para los médicos, empleados de una morgue o de algún depósito de cadáveres, ellos son los se pueden encontrar varias veces con una cuerpo sin vida, por eso las personas que tienen necrofilia están en esos lugares ya sea por alguna de estas dos razones: Deseaban estar en ese lugar para satisfacer sus necesidades o en ese lugar descubrieron la atracción.
Como ejemplo tenemos la historia del estadounidense Kenneth Douglas, que salió a la luz en el 2014. Douglas confesó que cuando era empleado de una morgue en Ohaio había mantenido relaciones sexuales con tres cadáveres femeninos, los de Charlene Appling, April Hicks, y el de Karen Range.
Cuando las autoridades le preguntaron el número de cuerpos de los que había abusado, él simplemente contestó: “Podría haber sido un centenar”. Kenneth Douglas laboró en la morgue durante 16 años, de 1976 a 1992.
Los diferentes actos de necrofilia
Aunque popularmente se identifica a la necrofilia como el acto de copular con los cadáveres, en realidad abarca otros comportamientos. El criminólogo alemán Hans von Hentig menciona que los actos de necrofilia comprenden: El contacto sexual con un cadáver; la excitación sexual por ver el cuerpo de una persona fallecida; la atracción hacía los objetos y lugares relacionados con la muerte; como los féretros, cementerios y algunas flores; las ansias de tocar, de oler y de sentir algo putrefacto y los eventos de desmembramiento de un cadáver.
El último acto de la clasificación de Hans von Hentig es una prueba más de que la necrofilia es algo muy común y es que, a pesar de que en los medios de comunicación aparecen pocos casos de personas que tienen relaciones sexuales con cadáveres, si hay más noticias sobre asesinatos que incluyen el desmembramiento de una persona. Estas personas son llamadas por von Hentig como asesinos necrófilos quienes no tienen como objetivo el matar a una persona, sino disfrutar el acto del desmembramiento.
Sólo basta realizar una pequeña búsqueda en internet para comprobarlo, hay miles de historias en las que una persona es acusada de descuartizar a otra en comparación con noticias sobre actos de considerados como necrófilos.
Acciones necrófilas
Erich Fromm dio a conocer algunas de las características que podrían ayudar a identificar a un necrófilo. Fromm dice que algunas de las siguientes acciones pueden ser no intencionales.
La primera que menciona es el gusto que tienen algunas personas por los esqueletos, quienes frecuentemente tienen ese extraño gusto son algunos médicos o estudiantes de medicina, dicen que se sienten atraídos por los esqueletos por mero interés profesional, pero, dice Fromm, en algunos casos la realidad es otra más íntima.
Otro de los rasgos que presentan estas personas es que tienen la convicción de que los conflictos sólo se pueden resolver por medio de la fuerza o la violencia: “Quieren sentir el poder de convertir a una persona en cadáver”.
La siguiente característica es que las personas necrófilas tienen el gusto de hablar sobre la muerte y las enfermedades mortales, pero el rasgo que más los identifica es el de leer noticias sobre muertes en los periódicos y ver las fotos de los cadáveres a gusto, por eso es lo primero que leen.
El psicoanalista alemán también afirma que los necrófilos siempre son aguafiestas, aburren, y cansan a la gente, también tienen predilección por el pasado y lo consideran sagrado, “los muertos mandan a los vivos”; de forma contraria ven a lo nuevo como algo peligroso en contra del orden natural de las cosas.
Finalmente, y el punto que puede ser un poco polémico, es que las personas con tendencias necrófilas suelen tener una peculiar relación con el color, Fromm considera que los necrófilos prefieren vestir prendas con los colores que absorben la luz como el negro en lugar de los de los colores radiantes y vivos.
Aún falta mucho por estudiar la necrofilia, una parafilia considerado como un trastorno mental, que aún no tiene una forma específica de cura o tratamiento. Mientras las personas que la padecen seguirán en el anonimato buscando los lugares y los mementos ideales donde puedan satisfacer sus peculiares deseos sexuales sin que se sean descubiertos.


¿Coger o no coger? Siento que esa es la eterna pregunta entre las chicas, o al menos entre las neuróticas “en busca de amor” con las que me junto. Las consecuencias de coger con un güey desde el principio, ya sea después de la primera cita o después de conocerlo en un bar, es que nunca sabes lo que vas a recibir. Pero si sobrevives a esta experiencia sin una ETS y sin hijos, yo diría que te fue bien.

En una ocasión tuve una cita con un chico que realmente me gustaba. (“Realmente me gustaba” quizá sea una exageración, pues esa era la primera vez que nos veíamos las caras, pues como buena generación Y nos conocimos en Twitter). Fue una gran cita, y eso no me pasa mucho porque todos los güeyes a los que conozco tocan en una banda o andan en patineta… POR FAVOR, YA TIENEN 32.

En fin, al final de la noche nos dimos unos besos junto a unas maquinitas (literalmente el lugar más romántico para besarme, junto a un “McDonald's”) y podía sentir su poderosa erección contra mis piernas. Tenía que tomar una decisión. Realmente quería coger, pero en la peda terminé balbuceando esa estúpida frase que usan las chicas para hacerse las inocentes y difíciles: “Quiero volverte a ver así que todavía no voy a coger contigo”.

Sentí que era la decisión correcta. Realmente lo quería volver a ver, más de lo que quería tener sexo, lo que me pareció muy maduro y adulto de mi parte (quien sabe, quizá sea hora de casarme y tener un bebé y tomar decisiones correctas). Pareció tomárselo todo muy bien, e incluso se comunicó conmigo durante los siguientes días.

Después desapareció y nunca volví a saber de él. Quizá estaba encabronado porque le dolían las bolas por mi culpa, o quizá yo “no le interesaba tanto”. Como sea, la moraleja de la historia es, si quieres volver a ver a alguien, no importa si coges o no con ellos en la primera cita. NO HAY UN MOMENTO CORRECTO PARA COGER.

He aquí otras razones por las cuales debes coger con un güey de inmediato:

Porque tienes ganas de coger
¿Por qué haces lo que haces? (Excepto por cosas como ir a la iglesia con tu madre o hacerte la prueba del Papanicolaou). Sólo haz lo que quieres, cuando quieres. Bueno, asegúrate que la otra persona también quiera, y así no tendrás ningún problema.

Porque nunca lo volverás a ver
No entiendo muy bien eso del one-night stand. Sólo lo he hecho una vez y fue horrible. El cabrón sólo me usó para venirse y después se desmayó, y yo tuve que salir a escondidas del lugar y buscar un taxi a las 4am con un frío de la  chingada en medio de la nada. Quizá sólo era un imbécil. No lo sé. Quizá para hacerlo bien tiene que ser con un el modelo más estúpido y guapo sobre la tierra, alguien con quien sólo coges sin necesidad de hacer conversación ni nada.

Porque te acaban de dejar
Después de que te cortan lo mejor que puedes hacer es coger con todo lo que ves, en cuanto lo ves.

Porque tienes ganas y no te las puedes quitar tu sola
¿Alguna ves has tenido uno de esos días en los que estás súper caliente? Estás en el trabajo y tienes esta sensación de calor entre tus piernas, y tienes que googlear “abuelas feas” para tranquilizarte. Intentas resolver tu problema tu sola en casa, pero simplemente no encuentras cómo. Así que pasas el resto de la semana CONSTANTEMENTE EXCITADA. Momentos como éste son una buena razón para coger cuando se presenta la oportunidad.

Porque sólo se es joven y atractiva una vez en la vida 
¿Alguna vez te has visto en el espejo y pensado “Nena, sólo te vas a ver así un par de años más”? Eventualmente, tus piernas adquieren ese aspecto de queso cottage en una media y tus tetas deciden que es hora de ver que hay de nuevo con tu ombligo. Esta es definitivamente una gran razón para quitarte la ropa y dejar que te adoren lo más que puedas.

Porque parece que el güey tiene un pito enorme
Si está flácido y se ve debajo de esos jeans, ya está con un pie adentro, pero como me sucedió a mí (leer arriba) también es algo que puedes sentir. Un pito enorme no siempre es fácil de manejar, pero puede ser algo hermoso de contemplar y una razón bastante sólida para entrar en acción.

Porque será una gran historia
Quizá sea sólo porque tengo una columna de sexo, pero no soy de esas que puede rechazar un bizarro encuentro sexual. Además, siempre es divertido poder hacer a todos reír y verlos escupir su jugo de naranja por la nariz el domingo en la cruda.

Porque crees que esa es la mejor manera de hacer que te quiera
Jajajajajaja, caíste. Esta es una pésima razón para coger con alguien. NUNCA TENGAS SEXO POR ESTA RAZÓN.


Aunque pueda parecer exagerado y un tanto alocado o quizás fuera de lo común, numerosos investigadores ya están alertando de que hay muchas personas con teléfonos móviles que están sufriendo problemas físicos y psicológicos como ansiedad, palpitaciones y sudores cuando olvidan el móvil en casa, su saldo se queda en cero, pierden cobertura o quedan sin batería.

Si echamos un vistazo unos quince años atrás, notaremos que los teléfonos móviles no existían, no había mensajes de texto, ni lenguaje abreviado, ni mucho menos los BlackBerry y su pin. Pero ahora sí los hay y cada día aumentan más las posibilidades de comunicación instantánea a distancia y los telefonos inteligentes se estan adueñando de la comunicación. La palabra viene del inglés “nomo”, abreviatura de “no mobile” (sin móvil, en español). Es un trastorno caracterizado por la angustia y el miedo de no poder comunicarse por el teléfono celular y no poder siquiera salir sin él.


La dependencia es considerada tan grave como la de las drogas o el alcohol porque causa un nivel de desesperación que convierte al aparato en un instrumento de primera necesidad, tanto como la comida o la ropa. Para los nomofóbicos tener el o los teléfonos a la mano es tan importante como beber agua; de lo contrario se sienten nerviosos, con palpitaciones aceleradas y hasta inseguridad de que algo les ocurra.
Si sale de casa sin el celular, regresa -sin importar cuán lejos se encuentre- en búsqueda de su imprescindible compañero que no puede faltar en su bolsillo. En las reuniones con los amigos, en la universidad, en el trabajo, en la casa y hasta en el baño está manipulando el teléfono, cosa que se vuelve una incomodidad para su entorno social e incluso para el mismo afectado quien se aísla y pierde comunicación con el mundo “real” en la que los adolescentes son los grandes protagonistas y parece impensable que un adolescente no disponga de este objeto en estos tiempos modernos y, si se presenta desde esta perspectiva, cualquiera debería estar atento a cuanto tiempo le dedica a su celular.


Todos hemos pasado por ello y nunca es fácil. Hablo del final de una relación de pareja… cuando tú eres al que dejan. Esto te hará sentir mil emociones complicadas pero nunca debes:

-Pensar que ha sido tu culpa. Una relación es entre dos personas que se quieren y se respetan. Cuando uno de los dos evoluciona en un sentido diferente al que os unió en un principio, no hay responsabilidad para ninguno.

-Sentir que te deja. La relación se terminó para ambos. Seguramente tú estuviste enviando señales de disconformidad también. Te has acostumbrado a la otra persona y no quieres una nueva rutina, porque la que tienes es muy cómoda.

-Pensar en cómo era tu vida con él o ella. Debes reordenar tus prioridades, tus horarios y comenzar todo nuevamente. No leas las conversaciones pasadas, nada de revisar las redes sociales o el correo.

-Eliminar tus recuerdos. No creo que sea necesario eliminar todo lo que tenga que ver con él. Solo déjalo allí. La vida te dirá cuándo es tiempo de verlo todo (fotos, cartas, regalos) y qué hacer con ellos. Pero no hagas nada ahora que estás dolida, espera a tomar distancia y tal vez haya algo que quieras conservar. Puede que no puedas tirar los recuerdos de tu mente, pero sí las cosas materiales que los traen a ella.

-Ver películas románticas. ¡Por favor! Eso es parecido tirarse a los leones. No te martirices. Bastante ya tienes con rearmarte todos los días y seguir con tus actividades. Trata de imponerte nuevas rutinas. No se vale incorporar la de mirar películas románticas. A ti también te quieren, sólo tomaron caminos distintos. Y sí, existe el hombre ideal para tí.

– Esperar que aparezca. No tienes que ir por la calle donde siempre se encontraban. O pactar un encuentro con amigas en su café preferido. No hagas esas cosas. Tampoco te imagines esas situaciones. “¿Qué sucedería si lo viera…o si lo encontrara…?” No va a suceder de forma natural y no será sano que lo provoques.

-Si aparece actúa natural. Y si en realidad en un momento se encuentran fortuitamente, genial. Es mejor ser natural. Ustedes se conocen, tuvieron una relación. Él sabe cuándo eres natural. Y fue así como lo conquistaste, o sea que si estás esperando volver con él, es mejor dejar que las cosas sucedan.

-Tu foto de perfil. Ese es un tema importante. Si estabas con él, debes cambiarla. No es necesario al otro día que terminaron. Sino parecerá que estás muy preocupada. Seguramente los primeros días no tengas una buena cara. Espera el momento. Un día vas a estar volviendo a casa, caminando en un lindo día de sol, vas a sentirte a gusto…selfie. ¡Pronto! Es el momento. Con una cara alegre, pero no falsa, cambias tu perfil y tu estado. ¡Ups! No te habías dado cuenta antes.

-No cambies todos los días de look. Tratando de llamar la atención de todos o la de él. Todo lo contrario. Trata de volver a lo que tú eras. Ponerte aquella ropa que tanto te gustaba y que él te fue sugiriendo que no la uses más. (A todas nos ha pasado algo así. Dejamos de usar tantos colores porque él es muy sobrio. O menos escotes porque no le gusta que nos miren tanto).
En fin, vuelve a ser tú. Busca tu verdadero look, algo que refleje tu estado actual y a que aspiras llegar. ¡Por favor no hagas lo contrario!

-Alargar el dolor. Es cierto que va a doler. Es normal sentirlo y si no es así, entonces no fue alguien muy importante en tu vida. Si te sientes angustiada y triste, llora. Es importante liberar todo lo que esta ruptura dejó para empezar sin cargas negativas. Pero no extiendas esos momentos muchos días. Mejor mucha intensidad y pocos días.

-Estar pendiente de la otra persona. Ya no más. No esperes que te llame. Si miras el celular es para ver la hora, pero no para ver si te escribió. No comiences el gimnasio o a hacer dieta para resultarle atractiva. Encuentro perfecto que lo hagas, pero porque tú lo necesitas, solamente por eso. De ahora en adelante, tú eres tu prioridad.

Si una relación no funciona, lo mejor es dejar el camino libre. Así tendrás la oportunidad de vivir tu vida de forma diferente y conocer personas nuevas.

El ser humano es un animal sociable por naturaleza. Esta necesidad de intercambio no solamente es una potencial fuente de bienestar, sino que también va a ser la fuente de algunos de nuestros aprendizajes más importantes.
Así, mediante la capacidad de observar escribimos nuestra parquitura más inocente, esa con al que comenzamos a enfrentar el mundo y tomar nuestras primeras decisiones. Va a ser el origen de nuestra evolución como personas.
Sin embargo, los demás no solo nos influencian al principio ni tampoco lo hacen solamente con sus acciones, también tienen la posibilidad de hacerlo con sus palabras. Esas que pueden despertar a nuestra motivación dormida o que pueden tranquilizarnos en los momentos de más agobio; por no hablar de aquellas que son mentira y se nos clavan como puñales cuando les damos la vuelta o esas que nos susurran al oído y nos enamoran.
En definitiva, las palabras que escuchamos tienen en muchas ocasiones el valor de engrandecernos o la tristeza de empequeñecernos. Esto hace que las personas que tienen la posibilidad de utilizarlas, también tengan la obligación de conocer su poder y de utilizarlo con la responsabilidad que demanda su uso.
Aquellos que solamente se quedan en la primera parte y las utilizan para causar daño, provocar miedos, cultivar amarguras y generar lágrimas sin ningún fin o con el propósito de beneficiarse a sí mismas, son las personas tóxicas; las mismas que cargan innecesariamente su interior y corazón con problemas, hábitos y actitudes negativas. Venenos en frasco que comparten con cualquiera que se cruce por su camino, en forma de desahogo propio.
Hoy, os voy a contar como descubrir con 7 rasgos a estas personas tóxicas, evitando así que nos puedan dañar o dificultar nuestro propio crecimiento personal. Descubrirlas a tiempo nos permite alejarlas y “observarlas” tan solo como aprendizaje de vida.



¿Cuáles son los 7 rasgos para descubrir a una persona tóxica?


1. Hablan continuamente y en exceso de sí mismas, olvidándose de las personas que tienen a su alrededor y, de esta forma, alimentando inconscientemente su ego.
2. Su discurso está construido a través de quejas y pesimismo. No sé vosotros, pero cuando me encuentro una persona que siempre ve el lado negativo de las cosas, inconscientemente mi corazón me muestra dos opciones: demostrarle que la vida no se basa en esa visión pesimista con ejemplos reales humanos, o huir en estampida emocional. ¿Y vosotros?
3. Si tienes alguna persona en tu entorno que enseguida asume el rol de víctima, pretende ser el centro de atención constantemente o simplemente no pasar desapercibido, entonces tienes muchas posibilidades de encontrarte ante una persona toxica.
4. Sinceramente, tomar la actitud de que el mundo está contra tu persona, no pararte a analizar las situaciones que generas tú mismo o se dan a tu alrededor es muy parecido al punto anterior de “ir de victima”. Ser así hace que te detengas y pares ante la vida, no controlando tu propia existencia ni corazón. Y lo más importante, seguramente no gozar de una sana consciencia.
Todo ello desembocará en no darse cuenta uno mismo de si toma o no actitudes dañinas sobre las personas de su alrededor, generándoles así un posible daño. Si conoces a alguien con esta característica, te recomiendo lo que en el punto anterior: intenta separarte de él/ella.
5. Por suerte, me di cuenta a tiempo de lo que significa la envidia, los celos y la soberbia en la vida de las personas y en la mía propia. Estaréis de acuerdo conmigo que estas son como vampiros emocionales que roban la energía de los demás. Las personas tóxicas basarán su vida en ellas cada día. 
6. Las personas que sienten o viven bajo alguna actitud tóxica no son felices ya que su modo de pensar les impedirá vivir en paz y en armonía con los demás y su alrededor. Todos somos responsables de cómo queremos y deseamos vivir, y en consecuencia disponemos por naturaleza de los recursos necesarios para modificar ciertas actitudes y gozar de más felicidad en nuestras vidas.
7. El punto último y el que me llevó a mí misma a tomar reflexión, consciencia, y comenzar un proceso personal: una persona que sufre y siente la envidia no se alegrará con las alegrías de las personas que quiere ya que, a nivel interno, vive siempre pendiente de su propia carencia. Y creedme, cuando vives en este nivel y alrededor de alguien así se pasan los días de forma muy desagradable emocionalmente hablando.
Con todo esto, espero que con estos 7 rasgos os permitáis gozar de un entorno fundamentado en amigos y personas llenas de amor que compartan con vosotros mismos lo que todo ser humano se merece: respeto, apoyo y amor incondicional.
Para terminar, me encantará compartiros un secreto: las actitudes que causan infelicidad y “mala vida” se pueden corregir, romper y deshacer, superándolas con fuerza de voluntad y lo más importante, el deseo de ser feliz y conquistar tu propia felicidad, compartiéndola con el mundo.  



Algunas de las formas de abuso por parte de una madre- o por cualquier mujer- podría enmascararse, o lograrlo a través de la manipulación. Un hombre nos dijo que su madre solía ponerse en la bañera pidiéndole que le ayudara a bañarse. Él era un adolescente antes de que finalmente fuera capaz de dejar de lavar su espalda y sus pechos.

Es común que las mujeres que abusan sexualmente a sus hijos utilicen la manipulación y el control emocional. Una madre le dice a su hijo, por ejemplo, que realizar cierto acto hará que mamá "se sienta bien". Por su cumplimiento el niño recibe besos y abrazos, y ella finge que el abuso es en realidad una forma de lavar su cuerpo. ¿Y qué niño no le gustaría complacer a su madre?




Aunque a menudo no se reportan, las madres y otras abusadoras femeninas pueden ser violentas. Esto es particularmente evidente en el ritual del abuso durante el cual las mujeres, junto con los hombres, son sádicos hacia los niños (y adultos). Estos casos han sido expuestos, sin embargo, el estereotipo y la realidad del "apego emocional" de la abusadora femenina se le presta más atención porque confirma nuestra creencia de que las mujeres son débiles, dependientes emocionalmente, y no violenta. Pero he oído historias terribles de los hombres (y de mujeres) que fueron golpeadas y torturadas por sus madres, y no sólo en el contexto del ritual del abuso.



Hasta hace muy poco, libros, artículos y sitios web aún no hacían referencia a las mujeres que abusan a niños. A causa de que se le ha hecho caso omiso a través del silencio, muchos hombres sobrevivientes viven en aislamiento, el miedo, la vergüenza y la ira. Ellos no pueden hablar de ello o no saben cómo hablar sobre ello.


Para algunos hombres, se les hace difícil incluso a admitir que sus madres eran las abusadoras sexuales. Dos veces en el grupo de hombres, he mencionado a las madres como los perpetradores y he recibido respuestas de horror de los hombres. Sabemos que sucede, pero los mitos culturales siguen insistiendo en que las madres aman a sus hijos desinteresadamente; las madres siempre tienen sus mejores intereses de corazón; Las madres siempre están ahí para satisfacer las necesidades de sus hijos; las madres nunca se sienten atraídos sexualmente a sus hijos; incluso si ella se siente atraída por los chicos, ella no abusaría a su hijo.



La primera persona que escuché mencionar el abuso madre-hijo fue un escritor llamado Manuel. Se unió a nuestro grupo y era bastante activo. Él y yo nos hicimos buenos amigos. Una noche nos sentamos en los escalones de la entrada en la oscuridad y me dijo: "Quiero decirte algo que sólo se lo he dicho a una sola persona".


Sus palabras me sorprendieron. Cuando Manuel tenía quince años, llegó a casa una noche y su única figura paternal su madre estaba borracha y se había desmayado en el sofá. Trató de sacarla del sofá y ayudarle a caminar de arriba a la cama. Ella comenzó a besarlo, acariciarlo, y quitarse la ropa.



A la mañana siguiente, él no sabía qué decir, y ella nunca lo mencionó. Unos meses más tarde lo intentó de nuevo, pero él la empujó hacia atrás en el sofá y se fue.


Todo incesto madre-hijo no es tan obvio. A veces se disfraza de un cierto aspecto de cuidado amoroso como higiene- una madre puede negarse a permitir que su hijo se lave sus propios genitales. Podría ser tan simple como sostenerlo con demasiada fuerza, presionando su cuerpo contra el suyo.

Independientemente de las respuestas de una cultura desinformada, la realidad es que los niños son víctimas de abusos sexuales por parte de las mujeres. Algunas personas lo ven como imposible porque insisten en que un hombre no puede ser agredido sexualmente por una mujer. Otros lo ven como algo sexualmente excitante.



La existencia de abusadoras femeninas y hombres víctimas desafía muchas de nuestras creencias muy firmemente arraigadas sobre las mujeres, los hombres, la sexualidad, el poder y abuso sexual. Desafía, de hecho, nuestras nociones acerca de lo que es el sexo.

Seguimos con este tema en próximos mensajes

Por favor pegue su consulta debajo del artículo que leyó en mi página dónde dice "publicar un comentario en la entrada" con mucho gusto le respondo por allá, esta consulta como todas las demás beneficiará a otras personas que estén atravesando la misma situación. Póngase de anónimo.

Solicito tenga paciencia las consultas se van respondiendo de acuerdo a la lista de espera. Se agradece y se le responderá tan pronto pueda.


ES BUENO REIRSE DE SÍ MISMO?
 
Esteban Cañamares, Psicólogo Clínico y Sexólogo, Colegiado M-09659 dice:

Cuando recibo por primera vez a un paciente y observo que es capaz de referirse a sí mismo con autocrítica, y utilizando frases del tipo "fíjese que infantil fui", "aquello era una chiquillada", "es que yo en esto soy un tanto maniático", "debí de dar una imagen ridícula", etc. pienso que es una persona con capacidad de cambio, con posibilidades de interpretar el mundo y a sí mismo de otra forma, con posibilidad de mejorar.


Pero esto a condición de que se haga con humor, con una sonrisa en los labios, y con el ánimo que tenemos cuando somos conscientes de que todos los humanos somos como niños, como niños perdidos y asustados, aunque a veces representemos el papel de adultos seguros y de éxito.

¿DE DONDE NOS VIENE ESTA CAPACIDAD?

Hace unos años descansaba yo entre paciente y paciente en un parque público cercano a mi consulta, frente a mí, en otro banco, había un niño de poco más de dos años, que jugaba bajo la atenta pero tranquila mirada de su madre.

Con sus movimientos aún un tanto torpes, agarraba barro con la pala de plástico y llenaba con él el balde azul con el que apenas podía, lo llevaba cerca de su mamá y allí lo vaciaba sobre el suelo, dejando caer el barro desde tan alto como le era posible.

Un viaje, otro más, y otro, y... esta vez el barro cayó sobre su cabecita, embadurnando todo su pequeño cuerpo y creando para él una situación inesperada y sobre todo difícil de catalogar. Efectivamente su cara denotaba claramente que no sabía como entender aquello, no sabía si reír o llorar, quedo paralizado por un instante, sin angustia, pero sin saber que hacer.

Como suele ser normal en estos casos miró a su madre, en espera de información, con su carita manchada de barro, con esos ojos abiertos de par en par, con esos mofletes de niño que tanto nos gusta a los mayores pellizcar, ¿qué hago? parecía querer decir.

La madre se levantó sin angustia, le dio un beso, empezó a reírse y al mismo tiempo hizo un gesto como invitando al niño a imitarla, a reírse él también, a continuación le limpió e intentó explicarle que debía tener cuidado de no volver a mancharse, se lo dijo con firmeza, pero con cariño.

Así aprendemos a reírnos de nosotros mismos, a entender lo que nos pasa con indulgencia, (lo que no excluye el afán de superarnos).

¿QUÉ BENEFICIOS OBTENDREMOS DE ESTA CAPACIDAD?

Son muchas las ventajas que podemos obtener de esta capacidad de reírnos de nosotros mismos.

En el contacto con los demás, algo siempre difícil al principio, tendremos la ventaja de no temer tanto que se rían de nosotros, ¿ porqué, si somos los primeros en hacerlo?

Es sumamente útil enseñar a los tímidos a hacer el ridículo, a reírse de sus pequeñas cosas: incongruencias, despistes, manías, costumbres personales, etc.


En las situaciones apuradas o ridículas en las que todos nos vemos envueltos alguna vez, tendremos la ventaja de que no nos traumatizaremos, de que no nos dejarán huella, de que quedarán en la categoría de simples acontecimientos a archivar.

En los inevitables cambios de roles, de estudiante a trabajador, de hijo a padre, de activo a jubilado, de protagonista a comparsa, de sano a enfermo, etc. tendremos menos dificultades, ya que seremos menos rígidos con nosotros mismos, lo cual no quiere decir que por ello seamos menos auto-exigentes.

Nos costará menos superar las dificultades sexuales que encontremos en nuestra pareja o en nosotros mismos. Seremos más flexibles a la hora de innovar y de adaptarnos a nuevas parejas.
Finalmente mejorará nuestra autoestima, ya que veremos el lado menos agraciado de nuestra personalidad con indulgencia, con humor, con amor.

En definitiva, la capacidad para reírnos de nosotros mismos es algo muy sano, que indica que somos tolerantes con nuestras imperfecciones, que somos auto-críticos y capaces de revisar el pasado y construir un mejor presente, y nos proporciona por tanto un buen ajuste psicológico.

Reírse de uno mismo, lejos de suponer una actitud intransigente hacia nosotros mismos, es requisito imprescindible para tener un buen nivel de salud psicológica.


Si quiere entrenarse puede practicar así:

Ante el espejo haga muecas, gestos y expresiones ridículas.

. Haga revisión de su pasado, ríase de las equivocaciones, aunque tenga que forzarse para ello, si no le sale la risa hágalo como en una representación teatral.

. Con sus más íntimos comente aquellas situaciones absurdas en las que se ha visto envuelto, empiece por lo más fácil de contar.

. Dé un beso a los suyos cuando hagan el ridículo, en el fondo se lo estará dando a vd. mismo.


En el verano de 1996, siete jóvenes investigadores del MIT llevaron a cabo un experimento para difuminar la línea entre el ser humano y el ordenador, para vivir de modo simultáneo. Durante varias semanas llevaron teclados en los bolsillos, radiotransmisores en sus mochilas y una pequeña pantalla delante de los ojos. Se hacían llamar ‘cyborgs’ y venían a ser una especie de monstruos.

«Hoy todos somos ‘cyborgs’», señala Sherry Turkle, psicóloga del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). Han pasado solo 16 años de aquel experimento y ya es una realidad: en la actualidad vivimos en conexión permanente. En apenas unos cuantos años, una gran parte de los habitantes del llamado Primer Mundo se han ‘fusionado’ con sus máquinas. Miran una pantalla por lo menos ocho horas al día, más tiempo que el empleado en cualquier otra actividad, incluyendo dormir. Cuando Obama se presentó como candidato a la Presidencia, el iPhone todavía no había sido lanzado al mercado. Los teléfonos inteligentes hoy superan en número a los modelos tradicionales, y más de la tercera parte de los usuarios se conectan a Internet antes de levantarse de la cama.

A la vez, el envío de SMS se ha convertido en algo tan natural como respirar: con independencia del grupo de edad, una persona recibe de media unos 400 mensajes de texto al mes, cuatro veces la cifra de 2007. El ‘adolescente promedio’ procesa el asombroso número de 3700 textos al mes, el doble que en 2007. Y más de las dos terceras partes de esos cyborgs normales y corrientes aseguran que a veces notan que su móvil vibra cuando en realidad no está vibrando en absoluto. El fenómeno ya tiene nombre: síndrome de la vibración fantasma. La investigación está dejando claro que Internet no es ‘otro’ simple sistema de transmisión de datos. Está creando un entorno mental nuevo.

¿Internet nos está volviendo locos?

No, si de lo que estamos hablando es de la propia tecnología o de los contenidos. Pero todas las investigaciones realizadas en más de una docena de países apuntan en una misma dirección. Peter Whybrow, director del Instituto de Neurociencia y Comportamiento Humano de la Universidad de California en Los Ángeles, afirma con rotundidad que «el ordenador viene a ser cocaína electrónica», generador de ciclos de euforia seguidos por bajones depresivos. Internet «produce estados de ansiedad y provoca comportamientos compulsivos», incide Nicholas Carr, cuyo libro The shallows -acerca de los efectos de la web- fue nominado para el premio Pulitzer. La Red «fomenta nuestras obsesiones, dependencia y reacciones de estrés», agrega Larry Rosen, un psicólogo de California que lleva décadas investigando los efectos de Internet.

El temor a que la Red y la tecnología móvil contribuyan a la adicción -por no mencionar los trastornos obsesivo-compulsivo y de déficit de atención- existe desde hace décadas, pero los escépticos al respecto hasta ahora llevaban las de ganar, apelando al sarcasmo muchas veces: «¿Con qué nos van a venir la próxima vez? ¿Con el abuso de los microondas o con la adicción a la barra de cacao para los labios?», escribió un crítico en 2006.

Pero las cosas han cambiado. Tanto que el manual que se usa para diagnosticar enfermedades en Estados Unidos incluirá el próximo año por primera vez el trastorno de adicción a Internet, si bien en un apéndice con la etiqueta «a ser estudiado». En China, Corea y Taiwán, en los que hasta el 30 por ciento de los adolescentes están considerados adictos a la web, ya está aceptado dicho diagnóstico, y el uso problemático de Internet está empezando a estimarse como una grave crisis sanitaria.

Conectados 24 horas… 

La decisión de estar todo el día conectado no siempre es propia. No es la elección personal la que lleva a la mayoría de los jóvenes empleados de corporaciones a mantener el Blackberry en la mesita de noche, junto a la cama, ni la que lleva al 80 por ciento de las personas en vacaciones según otro estudio de 2011 a cargar con ordenadores portátiles y teléfonos para estar en contacto con su centro de trabajo. Pero es que, en realidad, la elección personal tampoco es la que lleva a los usuarios de teléfonos inteligentes a chequear sus móviles justo antes de acostarse y a los pocos minutos de despertar por la mañana. Da la impresión de que estamos eligiendo utilizar esta tecnología, pero el hecho es que dicha tecnología se está haciendo con nosotros merced a su potencial para la gratificación a corto plazo.

Cada pitido puede ser aviso de una oportunidad social, sexual o profesional, y nuestra respuesta en el acto genera una minirrecompensa en forma de descarga de dopamina. «Estas recompensas son pequeñas inyecciones de energía que alimentan el motor de la compulsión, de forma muy parecida al frisson sentido por el jugador cada vez que alguien deja una nueva carta sobre la mesa -explica la especialista del MIT Judith Donat-. En términos acumulativos, el efecto es potente y difícil de resistir».

Relación entre Internet y la depresión

El año pasado, cuando el canal MTV encuestó a sus espectadores de entre 13 y 30 años sobre sus hábitos en la Red, la mayoría dijo sentirse «definido» por cuanto colgaban en la web, «exhaustos» por tener que estar siempre colgando información y por completo incapaces de abstenerse de Internet por miedo a estar perdiéndose algo. MTV lo denominó el síndrome FOMO (Fear Of Missing Out).

El último estudio sobre la relación entre Internet y la depresión es aún más triste. La Universidad del Estado de Misuri estuvo siguiendo los hábitos en la Red de 216 jóvenes, el 30 por ciento de los cuales daban muestra de depresión. Los resultados, publicados el mes pasado, revelan que los jóvenes deprimidos son los que más usan Internet, los que dedican más horas al correo electrónico, los chats y los videojuegos. También son los que cambiaban con mayor frecuencia de ventanas de navegación, en una búsqueda constante y no fructífera, o eso se supone. Son como Doug, un alumno de una universidad del Medio Oeste que tenía cuatro avatares y mantenía los cuatro mundos virtuales abiertos en el ordenador, junto con sus trabajos universitarios, correo electrónico y videojuegos. Doug dijo a Turkle que su vida real «no es más que otra ventana más» y que «tampoco es que se trate de mi mejor ventana».

Algunos tratados sugieren que en este mundo digitalizado podría estar el origen de formas incluso más extremas de enfermedad mental: trastorno múltiple de la personalidad, alucinaciones y psicosis. Un equipo de investigadores de la Universidad de Tel Aviv publicó a finales del año pasado lo que definen como los primeros casos documentados de «psicosis inducida por Internet».

¿Y qué podemos hacer al respecto?

Pues, para empezar, tomar conciencia de la situación, decidir cómo queremos que sea nuestra relación con la Red y las nuevas tecnologías. Lo que está claro es que es nuestra mente la que está en juego.

Saludos a tod@s.

Después de un largo de tiempo de reticencias, dudas y excitación, por fin me he animado a ventilar en este blog (aunque en anonimato) la causa de mi obsesión erótica de toda la vida: el cabello femenino.

Desde mi infancia el tacto de una cabellera sedosa, larga, perfumada, me provocaba el más terrible y gozoso torrente de placer. Una melena unduosa que besa dulcemente las caderas de una mujer, un par de trenzas recién hechas (esas que aún conservan cierto frescor y aroma del lavado matutino), una gruesa cola de caballo bien templada, unos bucles (naturales o hijos del artificio) abundantes y bien armados; han sido siempre cosas que me han puesto al rojo vivo.

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Pero, no sólo el tacto y el jugueteo con esas delicias es lo que me hace entrar en éxtasis. Pronto me di cuenta que, a la par de esa admiración y deseo, se escondía en el más recóndito rincón de mi Eros la insólita e incongruente fantasía de despojar de ese tesoro a sus bellas dueñas. Demente ser que ama, pero desea a la vez la devastación de aquello que ama. Así, transito siempre entre el deseo de la caricia y el de la tonsura: tocar con solicitud y cariño esos deseados mechones, disfrutar la sensación del escape de esa seda entre mis manos, tirar levemente de esa trenza gruesa y brillante sintiendo los plieges y circunvoluciones de las ricas madejas que la conforman; para después fantasear sobre unas frías tijeras manejadas por mí, acercándose inexorable a esos tesoros, crujiendo con su canto metálico, causando la angustia, el temor (o el placer) de la bella.

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Tomar un mechón, una trenza, una coleta, un grueso y largo tirabuzón, ponerlos entre las cuchillas y cerrarlas lentamente, cercenando cabello por cabello y ver cómo cáen al suelo. Si una mujer de largos cabellos me lo permitiera, sin dudarlo la raparía al cero. Pero mi locura es tal que, después del orgasmo vendría el necio deseo de que al punto su cabellera creciera a su estado original, y de volver a navegar entre sus olas.

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Lo sé, es una locura, un absurdo, pero es lo que enciende mi sexo hasta la explosión. Por fortuna, sé que no soy el único fetichista de cabello en el mundo (en mi infancia así lo pensé y me sentía un monstruo, una cosa de espanto). A lo largo de mis navegaciones, desde hace más de quince años, me he encontrado con infinidad de personas por todo el mundo que comparten mi fetiche, así como con un abundantísimo material relacionado: historias, videos, fotografías, foros, chats, páginas personales y comerciales, etc. Todo un universo en el que me encuentro de frente con mi temor y mi temblor.

Así, este no será ni el primero ni el último blog de fetichismo del cabello. Pero para mí tiene un valor crucial, porque será el escaparate de mi propia experiencia, de mis asegunes y pasiones personales. Compartiré aquí mis historias: tanto las reales como las ficticias, sin dar pistas de cuáles son cuáles. También compartiré con ustedes algo del gran tesoro visual que he conformado en tantos años de voyeurismo virtual. Además, de recomendar a mis semejantes los descubrimientos que vaya realizando.

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 La sensualidad se expresa con una melena larga y suelta, es por excelencia que la atracción, sensualidad y sexualidad se despierta a través de una larga cabellera saludable, mmmmm, ¿será? A ver hombres de las dos imágenes que siguen a continuación díganme cual les parece más estimulante y excitante, cuál de estas dos mujeres despierta en ustedes una atracción sexual, también pueden participar lesbianas.

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Y este ejercicio que les puse a ustedes fue un ejercicio que nos puso el maestro “Toño” en la universidad, ok, yo estudie publicidad y en ese momento no entendía que tenía que ver en la clase de semiótica el uso de símbolos sexuales, pero era mi segundo cuatrimestre, estaba yo ignorante que no comprendía en ese momento que en la publicidad todo se trata de vender estimulando los sentidos, por eso Toño nos explicaba el uso de la semiótica y en ese momento nos explicó de forma muy sucinta como se explota la sexualidad de la imagen.

El cabello desde la antigüedad ha simbolizado no solo poder o estatus social, sino que también expresaba salud; varios estudios sociológicos han demostrado que el rol del cabello ha sido muy importante a lo largo del desarrollo de las sociedades participando en el proceso de la selección natural, siendo el cabello largo y sano un símbolo de fertilidad, salud y juventud, inclusive desde tiempos de los romanos el cabello largo está asociado con la sexualidad femenina.

La tricofilia o mejor conocida como el fetichismo por el cabello largo, es una atracción incontrolable e irresistible por el cabello largo, el cual puede provocar no simplemente excitación sino desde una simple atracción el mirar, tocar o acariciar el cabello largo.

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Y siempre que hablamos de fetiches todos piensan o los conciben como una especie distorsiones que inmediatamente las personas que las padecen empiezan a sufrir de una increíble excitación sexual, pero yo creo que hay grados como en todo y aquellas personas que solo muestran una inclinación por mujeres de pelo largo de alguna forma también encuentran muy estimulante esta característica física, la cual es tan antigua y algunos datan en la mitología nórdica con Sif, la esposa de Thor y diosa de la fertilidad la cual era admirada por tener una hermosa y bella cabellera hecha de oro puro, para los griegos el cabello largo y rizado simbolizaba actitud y temperamento. 

Si bien actualmente y sin importar tu genero puedes usar el pelo o corto o largo, la atracción masculina hacia las largas cabelleras sigue siendo un tema actual, que se inició hace muchos siglos.


Un informe de una red social que permite a las personas casadas encontrar una relación fuera del matrimonio revela en qué país viven las usuarias más activas.

Las mujeres de Argentina resultaron ser las usuarias más activas de todos los países de América Latina donde la red social Second Love tiene presencia, informa el diario argentino La Nación. El índice de las usuarias argentinas llega al 40%, dejando atrás a las mujeres de Brasil.

Second Love afirma que las que navegan por su portal desde Argentina, en su mayoría, son mujeres de unos cuarenta años que contactan ellas mismas con los hombres. No obstante, las argentinas no lideran la lista a nivel mundial. En este sentido las ganaron las usuarias de Holanda y Portugal. El cuarto y quinto lugar los ocupan las mujeres de Brasil y Bélgica, respectivamente.

Anteriormente, el portal ashleymadison.com, un análogo de Second Love, publicó otro estudio que afirmaba que las mujeres más infieles del mundo son las mexicanas el cual decía lo siguiente:

Las mujeres mexicanas que utilizan servicios de Internet para hallar pareja sexual sin compromiso encabezan la lista de infidelidad femenina elaborada en un sondeo en el que se estudiaron 36 países.

El estudio ha sido realizado por el portal ashleymadison.com, uno de los servicios que ayudan a las personas casadas a encontrar una relación extramarital, informa milenio.com. Como promedio, el 33% de las usuarias de estos servicios en los países analizados son infieles. Mientras que en México el 44% de las internautas que acceden a este tipo de páginas acaban engañando a sus maridos con otros hombres, lo que situó al país en el primer lugar con respecto a la infidelidad femenina.

Según Víctor Hermosillo —director general de ashleymadison.com—, el motivo de la infidelidad femenina puede ser tanto el sexo, como los regalos lujosos, visitas de hoteles caros y ayuda económica por parte de sus amantes.

Además, las mujeres parecen inclinarse por la infidelidad tras el nacimiento de sus hijos, ya que reciben menos atención de sus cónyuges. Así, el portal estima que la mexicana infiel prototípica es una mujer de 32 años con dos hijos y que ha vivido al menos dos años en matrimonio.

El estudio asimismo revela que la Ciudad de México ocupa el primer lugar en esposas infieles a nivel nacional "debido a la facilidad de acceso a Internet, a dispositivos móviles de última generación", señaló Hermosillo. Con ello, las visitas a los portales especializados se realizan, en general, en la primer parte del día, cuando el marido está trabajando y los hijos ya se han ido al colegio.

Además, la duración de la vida conyugal en México representa una paradoja: a pesar de que el 76% de las parejas se casa por amor, la tasa de divorcio en el país ha aumentado un 80% en comparación con los años 50, indica el presidente del Instituto de Investigación en Psicología Clínica y Social, José de Jesús González Núñez.

Es posible que el índice haya crecido tan significativamente debido a que las mujeres, gracias a Internet, ya ni siquiera tienen que salir a la calle para encontrar un potencial amante, especifica el portal. Al mismo tiempo, aunque el estudio de ashleymadison.com presenta de esta manera desfavorablemente solo a las usuarias del portal, cabe mencionar que el sitio cuenta con más de 850.000 usuarios, de los cuales solo 350.000 son mujeres. Así que el número de infieles potenciales del sexo masculino es notablemente más alto que el de mujeres.


¿Bajo qué aspectos nos parece la pedofilia –patología- algo despreciable?, a partir de esa interrogante me propongo introducir a la reflexión crítica de a continuación. Posiblemente la figura del pedófilo sea en la sociedad contemporánea la del sujeto de mayor repudio colectivo por convención, más allá de que existan miradas disidentes –a las cuales me sumo- que traten de explicar la pedofilia a partir de condiciones sociales previas, apelando a la violación –en la mayoría de los casos- del pedófilo en la infancia, entre otras experiencias de vida que tengan que ver en la pre-fabricación de esté mismo. Lo que quiero no es presentar un análisis explicativo de la pedofilia, sino entender su significante para la sociedad y bajo qué aspectos morales y de sensibilidad nos parece sinónimo de lo repudiable y perverso. No quiero que lo siguiente sirva para ser interpretado como una justificación de agente de la dominación sexual que ejerce poder sobre el niño violado, en este caso el pedófilo o el pederasta, sino simplemente como un análisis de la pedofilia a partir de su significante.

La sociedad occidental-capitalista contemporánea se soporta bajo diferentes normas prescriptivas tanto sexuales, psicológicas, sociales como políticas, estás son mediadas a través de instituciones regulatorias –a partir de la maternidad, siguiendo con la familia- y agentes sociales –los sujetos- en torno a la cohesión colectiva y omnipresente entre la moral cristiana y en un discurso mediático y espectacular que funcionan también como soportes de la sociedad normativa. Cualquier sujeto que se desvíe del cuadro normativo y de las construcciones morales e ideales de la sociedad será patologizado y criminalizado, habrá diferentes instituciones médicas y jurídicas destinadas a su regulación, control y corrección. Aquí el pedófilo aparecerá como un sujeto de desvío, el pedófilo será un desviado de la norma sexual hegemónica –sexualidad construida a partir del siglo XVII-, el pedófilo atentará contra todas las normas morales, sexuales y sociales, por lo cual se fabricará un discurso mediático que convertirá al pedófilo en el peor enemigo de esta sociedad, posiblemente aún más de lo que en el pasado pudieron ser el loco, el monstruo o el criminal. El pedófilo además será un incorregible sexual, será símbolo del sujeto anormal en términos sexuales –al lado del incesto y algunas prácticas sexuales que escapen la hetero-norma y la monogamia-, por lo cual los poderes políticos, religiosos y sociales -aún cuando en sus morbos internos necesitan de la pedofilia- construirán una serie sensibilidades colectivas para transformarlo en su peor enemigo. La pedofilia y otras prácticas desviadas funcionarán por los aparatos de verificación médicos y jurídicos como constructores de sensibilidad, lo que se traduce en una discursiva mediática que regulará la norma.

A pesar de que exista un discurso colectivo y mediático que sentencia a la pedofilia como práctica perversa, son los mismos medios los promotores de una sexualización rápida en la infancia de acuerdo a los roles asignados por norma, patrones de belleza y por la construcción biopolitica dual de género. Se podría concluir que a pesar de que la norma sexual no aceptará la pedofilia por considerarle desvío, se difunde silenciosamente una discursiva mediática que construye imaginarios adultos en torno a identidades infantiles sexualizadas, se trata de que el adulto transgreda la norma sexual abrazando la pedofilia con el niño, un ejemplo pedagógico de la sexualidad en torno a esto sería la industria del porno que durante el último siglo se ha esforzado en transformar la figura de la “escolar, niña o adolescente” en sujeto del deseo colectivo y mercantil, pero silencioso.

Hacer un análisis crítico en torno a la figura del pedófilo significará tener en cuenta una serie de cuestiones previas, partiendo por las diferentes interpretaciones y connotaciones culturales que ha tenido la pedofilia como práctica sexual –dominadora si se quiere- en otras culturas o periodos de la Historia. Se sabe que en la actualidad en algunas partes de Medio Oriente la relación sexual entre adultos con niños o adolescentes se encuentra totalmente aceptada por la sociedad, aunque también obedece a una normativa religiosa, política y jurídica. Por otro lado la pedofilia en la antigüedad –principalmente en Europa- ha pasado por una serie de evoluciones en torno a su entendimiento y convención histórica, en algunos periodos y lugares ha sido una práctica normalizada, un ejemplo de ello fue en la antigua Grecia donde las relaciones sexuales pederastas eran totalmente aceptadas por el discursivo colectivo, pero en otros momentos históricos fue también sinónimo de lo perverso, aunque en todos sus entendimientos o desarrollos obedecía a una serie de soportes y protocolos jurídicos, médicos y políticos, así como una sensibilidad pre-fabricada.

La figura del pedófilo y de la pedofilia en la sociedad actual serán no solo consideradas una práctica perversa y dominadora -con lo cual concuerdo en lo segundo-, sino también una temática tabú y silenciada, ¿será que la sociedad en su morbosidad y excitación sexual por lo transgresor teme desaparecer la pedofilia?, quizás, habría que recordar que la pedofilia ocurre con más frecuencia en la institución primera, la familia. No obstante, me resulta urgente invitar a la reflexión crítica, no a través del imaginario o sensibilidad pre-fabricada por la norma o el discurso mediático, sino analizando los trasfondos individuales, culturales y políticos y las significantes sociales en torno al pedófilo y pedofilia.




Jamás en mi vida he estado de acuerdo en que todos los días los “amigos” se frecuenten, ¿Por qué?, siento que una amistad que se frecuenta todos los días corre el riesgo de fracturarse en un momento dado, se pondría más en tela de juicio cualquier situación cotidiana que vivimos día con día y por ende vienen las opiniones encontradas. Y ustedes se preguntaran y ¿Por qué nos estas comentando eso? Es simple, una amistad no pide ni entrega nada a cambió y en eso tenemos que ser conscientes.

Hay que cuidar una amistad si es que se le quiere, y el no frecuentarse todos los días es sano, para nuestra mente. Así cuando ya se tengan quince días, un mes o más se verá con gusto a esa persona tan querida por nosotros.  Alguna vez escuche decir a mi abuelo refunfuñón: “Los amigos solo en la Cárcel, Hospital y en la Muerte”. Qué razón tiene ese viejo sabio.

No tiene que ser todos los días, ni cada minuto o segundo, seria agobiante y se perdería el sentido de la amistad. Ese compañero tan querido por nosotros o hasta en el mismo noviazgo que queremos que florezca hay que dejarlo reposar, descansar. Y de ahí nacerá la verdadera amistad, eso es el querer a alguien.

Yo les recomiendo que pongan en marcha lo que les mencione, que planten esa semilla en el corazón de esas personas que amamos, para que un día cuando el pelo se vuelva cano, o las manos arrugadas como una hoja de papel, nos miremos a las caras y digamos: “Valió la pena el camino, el esfuerzo y la aventura, la vida”. Esa es la satisfacción más hermosa que podemos sentir en lo más profundo del alma, ver como perdura una amistad, un amor en el tiempo en verdaderas y especiales imagenes de amor.

 

Cómo hemos cambiado.

Hoy, lo primero que hacemos nada más levantarnos por la mañana es tocar un smartphone cuando apagamos la alarma. Medimos los pasos que damos con una pulsera, hacemos check-in allá donde vamos y vemos el Mundial mientras ojeamos en twitter un meme hilarante de algún creativo brillante cinco minutos después de que haya ocurrido algo en directo. Tenemos followers, buscamos fans y descargamos apps. Tuvimos inglés “nivel alto”, nos convertimos en Community Managers y aspiramos a ser Growth hackers.

Somos CEOs de nuestros blogs y emprender mola. Pero los empresarios son malos. Conectamos en Linkedin y ligamos en Tinder. Nunca tuvimos cuenta en Badoo. No vemos la tele y somos los reyes del networking. Hacemos la compra online, pagamos Spotify Premium porque apoyamos el arte y el talento. La SGAE es el demonio. Consultamos los muebles de IKEA en la web, Google Maps es nuestra brújula y las notificaciones nuestra salvación.

La cabeza agachada mirando al móvil. Todo es tácil, ya no vamos al cine y tenemos sobrinos o hijos que tocan el periódico (que no compramos) intentando ampliar las imágenes como si fuera el iPad. La noticia del año es que abren una nueva tienda de Apple. Y hacemos cola aunque no vayamos a comprar. El diferido ha perdido el sentido. Recuperamos contacto con amigos del colegio gracias a Facebook. Nuestra palabra más utilizada en el día a día es el “jajaja” (y sus variantes: “jeje”, “jijiji” e incluso “jo jo jo”).

Escribimos más que nunca; y peor. Leemos más que nunca; y peor. Las series son nuestro entretenimiento y tema de conversación. Y los hashtags. Si nos reímos mucho, LOL; si alucinamos, WOW; si no nos lo creemos, WTF.

Decimos “sip”, “nop”, “yep”. Y “ains”. Y “¿ein?”.

Ya no llamamos a los telefonillos de las casas y no tenemos teléfono fijo. Lo primero que hacemos al llegar a un hotel es pedir la wifi. Siempre llevamos el móvil más descargado de lo que nos gustaría. Las parejas discuten por whatsapp. Nuestras madres nos siguen en las redes sociales y es muy raro.

Salir a correr ahora es ser “runner” y no sirve igual si no lo contamos en nuestros perfiles con un mapa ilustrado. Adoramos las infografías. Los GIF animados son una revolución visual sin parangón que están revolucionando (una vez más) el contenido en Internet. Las listas. Las jodidas listas. Las cinco cosas que tienes que saber según el redactor de turno. Cargamos el teléfono en los bares, en el baño de los trenes y en las salas de espera de los aeropuertos mientras nos sentamos en el suelo intentando conectarnos a una wifi que casi siempre es de pago. Y nos indigna.

Lo viral, ahora, es bueno. Compartimos, en verano, fotos de pies y agua. Y de gatos (todo el año, eso sí).
Atendemos al teléfono antes que a nuestro interlocutor (con amigos o en reuniones. Da igual). Ya no hacemos llamadas perdidas. Winter is coming.

No quedamos “a tal hora” “en tal sitio” porque no es relevante; ya escribiré “a ver dónde estáis”. Llegamos tarde. Cancelamos reuniones y posponemos citas en el Google Calendar. No hay manera de escribir bien “a ver” en lugar de “haber” ni “por qué” en sus diferentes formas.

Descargamos películas y series. Pedimos comida a domicilio. Nos flipa el sushi. Votamos a los mismos de siempre… salvo que salga uno nuevo mucho en la tele, que no vemos. Jugamos online.

Damos likes. Tenemos fotos de nuestra cara en todos nuestros perfiles públicos. No vemos porno.
Nos vamos a Tailandia. Jugamos a Apalabrados, vamos “a un evento” y somos ponentes para contar nuestro caso de éxito. Los telediarios sólo cuentan malas noticias, el tiempo y una hora y media de fútbol. Las barbas han venido para quedarse.

Los selfies. Compramos en Amazon, nos enganchamos a “Megaconstrucciones” y criticamos a Ryanair. Idolatramos Breaking Bad. Los hipsters.

Mmm… ¿Qué más?

Alemania gana el Mundial, los políticos siguen creando leyes incomprensibles, la justicia es injusta, Israel y Palestina siguen matándose entre ellos y la corrupción está a la orden del día…

Ah… Pues tampoco hemos cambiado tanto.


Los llaman también la 'generación del milenio' y, aunque las fechas varían según el analista, tienen ahora entre 16 y 28 años. Se los define por su adicción a la tecnología, su tendencia a la vagancia, su narcisismo... pero son los mismos que están inventando las nuevas formas de trabajar, producir y consumir que revolucionarán el modelo económico actual. Suyo es el futuro. Y el futuro ya está aquí.

Apenas han salido del cascarón y ya los han puesto de vuelta y media.

Ninguna hornada demográfica ha cosechado más sambenitos en menos tiempo: narcisistas, ególatras, perezosos, dispersos, mimados... Nacieron antes de la crisis, vivieron una infancia y adolescencia de 'vacas gordas', puro espejismo. Su despertar a la edad adulta, al mercado laboral, a la vida real ha sido un jarro de agua fría. Los benjamines de la clase media prueban sus alas en plena desbandada mundial de la clase media. Nadie apostaría a que saldrán adelante, excepto ellos mismos. 

Las quintas precedentes los miran con cierta suficiencia, incredulidad, preocupación. Los desencantados baby boomers que peinan canas, la competitiva generación X... Sus padres, sus hermanos mayores... Son los que trabajan y cotizan a pesar de todo. Hormiguitas sacrificadas que sostienen el tinglado a duras penas. Sin embargo, y contra pronóstico, hay muchos millennials dispuestos a comerse el mundo. Quizá no lo consigan, porque el mundo es así de cruel, pero ya lo están cambiando. 

Ocho millones de millennials viven en España; 51 millones, en Europa; 80 millones, en los Estados Unidos... Según la consultora Deloitte, en 2025 constituirán el 75 por ciento de la fuerza laboral mundial. Así que vale la pena saber qué planes tienen.

Todo había sido fácil para ellos. Hasta ahora. Los economistas sostienen que la generación Y es la primera que experimentará un retroceso en el nivel de vida desde la Segunda Guerra Mundial.

Ellos no terminan de creérselo. «No estamos preocupados porque no tenemos la sensación de que nos vaya a faltar algo», explica Safia Krivdic, de 18 años. Pero sobre sus espaldas recaerá el pago de la deuda contraída para mantener unas prestaciones cada vez más caras por el envejecimiento de la población y por el descenso de la población activa. Y en el caso de España -donde por primera vez se acaba de superar el billón de euros, casi el cien por cien del PIB- también por el rescate de los bancos.

El analista Joel Stein propone un enfoque controvertido en la revista Time. Los millennials son como son unos malcriados que se miran el ombligo por un malentendido de sus padres, que pensaron que había que subirles la autoestima para que triunfasen en la vida. Así que todos tienen sus habitaciones llenas de trofeos, medallas y diplomas escolares. «Fue un error bienintencionado. La autoestima es una consecuencia del éxito, no una causa», reconoce Roy Baumeister, profesor de Psicología de la Universidad de Florida. El resultado: la incidencia de la personalidad narcisista es tres veces más alta en su franja de edad que en los mayores de 65 años. Están convencidos de que se lo merecen todo y de que harán algo grande. Ese convencimiento no es tan insensato como parece. Según Time, los millennials sí que harán algo grande: nos van a salvar a todos... ¿Por qué? Porque están inventando nuevas maneras de trabajar, producir y consumir que revolucionarán el modelo económico actual. 

Estamos ante la Tercera Revolución Industrial. Las fábricas se han deslocalizado, instalándose en países donde la mano de obra es barata. Ahorrar costes es lo único que el capitalismo tradicional parece haber aprendido de la globalización. Por el camino, millones de consumidores del Primer Mundo han perdido su puesto de trabajo. ¿Quién nos va a sacar del bucle? ¡Pues quién va a ser! El mesías está ahora mismo en su desordenada habitación, wasapeando y haciéndose selfies.

Cuenta Nicolás Boullosa, empresario digital y fundador de *faircompanies, que «muchos bienes volverán a ser producidos en las ciudades innovadoras de los países ricos, en pequeñas cantidades y bajo demanda. Serán productos personalizados y de calidad. Y las impresoras 3D y otras tecnologías serán decisivas». Los fabricarán profesionales a medio camino entre el artesano y el hacker que han aprendido lo esencial de manera autodidacta, viendo tutoriales en YouTube y preguntando a los expertos en los foros.

Ellos se buscan sus propias oportunidades, sobre todo porque se les ha dado con la puerta en las narices. El nivel de paro juvenil no tiene precedentes, a pesar de que se trata de la generación mejor educada de la historia. En España, el 54 por ciento tiene estudios universitarios. Los pocos que consiguen meter la cabeza se encuentran con que los tratan como a becarios. No encajan. Y no creen en la jerarquía, así que se la saltan. Le pueden enviar un correo electrónico al presidente de la compañía y quieren que les responda. «Mis jefes pueden aprender mucho de mí» es una frase que define al 75 por cientos de los millennials estadounidenses. Ocho de cada diez necesitan feedback constante de sus superiores. Y la mitad prefiere no tener empleo a estar en un trabajo que odian. Y quieren horarios flexibles. La escritora Emily Matchar, en The Washington Post, asegura que confían en su poder de negociación. «¿Cuándo se adaptarán? No lo harán. En lugar de eso, harán que el puesto de trabajo se adapte a ellos. No nos engañemos, la mayoría de los empleos apestan. ¡Sed egoístas! Pedid lo que queráis. Nosotros también lo queremos». Y, según Deloitte, más les vale a las empresas adaptarse a sus demandas, no solo porque es la generación con el mayor talento tecnológico, sino también porque su manera de relacionarse, consumir o incluso viajar marca tendencia. Y las tendencias, a su vez, crean riqueza, muchas veces donde no se sospechaba que la había.

¿Quién iba a intuir que había riqueza en la economía compartida? Ellos, que se han percatado de que no tendrán un trabajo para siempre. A falta de un empleo estable, son buscavidas que van saltando de un minijob a otro o probando como microempresarios. ¿Egoístas? Cooperan más que compiten. Sus perfiles en las redes sociales son su tarjeta de visita. Copian, critican y elogian sin contemplaciones. No tienen líderes ni idolatran a nadie, como mucho le ponen una vela a Steve Jobs y otra a los gurús de la sociedad de contribución, como el francés Antonin Léonard. «Estamos viviendo la transición de una sociedad de consumo exacerbado a una sociedad de intercambio. Compartimos casa, coche, oficina, talento, ideas...», dicen. El éxito de las nuevas plataformas como Blablacar o Airbnb, que han puesto patas arriba los sectores del transporte, la hostelería y los servicios, no se explica sin esos jóvenes con poco dinero en el bolsillo, pero siempre con el smartphone en la mano, pues fueron los primeros nativos digitales.

La nueva economía se basa en la confianza mutua. Y los logaritmos, los rankings, la arquitectura digital en la que está cimentada privilegian el destierro del anonimato, el final de la privacidad. Los millennials se despojaron de la intimidad con el mismo gesto banal de depilarse. Pero cuidan su reputación digital como oro en paño. El 81 por ciento tiene perfil en Facebook. El 83 por ciento duerme con el móvil al lado.
Niños búmeran que vuelven a casa de sus padres, si es que se fueron... ¿Qué remedio les queda? Pero la mayoría está tan a gusto como los que se han emancipado, según una encuesta de la consultora Pew Research. El sueño americano de casa y coche en propiedad no va con ellos. Un informe del Tesoro estadounidense revela que la compra de casas por parte de los millennials ha caído casi un 20 por ciento con respecto a la generación anterior. La industria inmobiliaria, la automovilística y la financiera tienen una asignatura pendiente con la generación Y. No pueden pagar una hipoteca. Y ningún banco se la concedería de todos modos. Pero también es una cuestión de prioridades. Y su prioridad es vivir la vida. Los millennials no tienen una relación fluida con la banca tradicional. Prefieren gestionar sus cuentas on-line o desde el móvil. Están familiarizados con una nueva gama de plataformas que prestan dinero, financian colectivamente (crowdsurfing) a emprendedores, envían divisas, facilitan el trueque y el comercio entre particulares... No es que hayan renegado de la sociedad de consumo. Gastan menos porque manejan menos dinero.

¿Liderarán el cambio a un mundo diferente? Decía el cineasta Andréi Tarkovsky que, «si cedes en algo que va en contra de lo que crees, te conviertes en un conformista». Ellos se las han arreglado para no renunciar, de momento, a nada fundamental, aunque hayan tenido que renunciar a la seguridad. Son conscientes de lo que valen. Por algo están programados desde niños para triunfar, aunque para hacerlo quizá deban reinventar los conceptos de 'éxito' y 'fracaso'. ¿Nos salvarán a todos? «A todos no sé responde Safia, pero nos vamos a salvar a nosotros mismos. Eso seguro».



Daniel Pizarroso, 1992. Estudiante de Ingeniería de software.
"Quieres que te vean y esperas reconocimiento. Tú eres tu propia marca"
¿Pragmáticos?
«Mi prioridad no es el dinero. Cuando termine la carrera, valoraré si hago un máster o me voy a estudiar inglés. A mi edad no importa tanto un buen sueldo como las posibilidades de crecer en una empresa y que el trabajo sea interesante».
¿Alérgicos a la jerarquía? 
«Queremos que nuestros jefes nos tengan en cuenta. Lo que más valoran es que sepas buscarte la vida. Hoy, en las carreras técnicas no importan tanto los conocimientos como saber encontrar la información adecuada. Un profesor nos dijo: 'Es más importante conocer al que sabe que saber'».
¿Hiper-conectados?
«Sí. Einstein dijo que cuando la tecnología estuviera metida en nuestras relaciones personales, la sociedad desaparecería. No es verdad. Perdemos unas cosas y ganamos otras, pero no nos destruye ni nos aísla».
¿Dependientes?
«Vivo en casa de mis padres. Me iré en cuanto pueda, pero no tengo una necesidad imperiosa de irme. Estoy bien. Hipotecarme me parece algo muy remoto. Me hice una tarjeta de crédito al entrar en la universidad. Pero me da dentera que mi dinero lo tengan los bancos».
¿Narcisistas?
«Yo toco la guitarra. Y a veces cuelgo en Instagram alguna pieza. Quieres que te vean. Y esperas reconocimiento. Sí, gustar es importante para nosotros. Me identifico mucho con la frase 'tú eres tu propia marca'».
¿Viajeros 'low cost'?
«Sin duda. Me fui a China con tres amigos con el sueldo de un año de becario. Buscamos lo más barato. Con ocho euros comíamos tres días. Regateábamos mucho. Los chinos nos llamaban 'tacaños', en castellano».



Safia Krivdic,1996. Estudiante de bachillerato.
"Solo me esfuerzo si algo me interesa. Si me aburro, no puedo mantener la atención"
¿Generación mimada? 
«Mis padres nunca me han dicho 'no' a nada, incluso cuando iba mal en los estudios. Haré Magisterio, aunque me planteé estudiar Periodismo. Pero no me veo de profesora toda la vida si no estoy a gusto. Si me hace falta el dinero, me adaptaré a minijobs o a lo que salga. Si voy más desahogada, haré cosas que me llenen».
¿Nómadas? 
«Lo tengo asumido: trabajaré fuera de España, por lo menos durante unos años. Soy bilingüe y me defiendo en inglés y francés. Ya he viajado a nueve países, aunque de momento vivo con mis padres, pero respetan mi espacio. Me siento bastante independiente».
¿Perezosos? 
«Llevo diez años de conservatorio y viola. Me gusta forma parte de una orquesta. Mis padres se quejan de que ensayo poco y de que estudio menos. Solo me esfuerzo si algo me interesa. Y entonces es como si no me esforzase, porque no me cuesta. Pero si me aburro, no puedo mantener la atención. Me pasa con todo».
¿Desinformados? 
«Soy curiosa. Me interesan muchas cosas. Puedo pasar una semana investigando por mi cuenta sobre algún tema. Cuando murió Adolfo Suárez, leí todo lo que pude sobre él y la Transición. Suspendí Literatura, pero leí todo lo que cayó en mis manos sobre la Generación del 27. Otros aprobaron sin leer un libro. Leo mucho más que la gente de mi generación, aunque prefiero una novela o un libro de poesía a un libro de texto. Apunto los libros que la gente lee en el autobús para pedirlos en la biblioteca».
¿Apolíticos? 
«El año que viene votaré por primera vez. Me lo tomo en serio. Me parece muy importante que mi país cuente conmigo para elegir a sus gobernantes. Pero aún no tengo decidido mi voto. Me bajaré de Internet los programas electorales y compararé».
¿Materialistas? 
«Me gustan las marcas, pero no me obsesionan. Y me fijo en su reputación social. Me repugna que utilicen mano de obra infantil, por ejemplo. Procuro tener un estilo propio. Veo en Instagram lo que se ponen it girls como Olivia Palermo. Me sirve de inspiración».
¿Egoístas? 
«No, somos buscavidas. Y como casi ninguno tenemos dinero compartimos cosas: coche, viajes... pero, sobre todo, experiencias. Me gusta el trabajo en equipo y colaborar. Este año, me he propuesto ser voluntaria de Protección Civil».



David Matarín, 1988. Actor.
"Hemos dejado de creer en la derecha, en la izquierda y en el centro. Lo que hay no nos representa"
¿Comodones? 
«En absoluto. Cuando era más pequeño, nunca me faltó de nada. Vengo de una familia humilde, así que siempre he tenido claros los límites. Pero luego nos ha venido la bofetada y nos han quitado todo de golpe. Me marché de casa a los 17 para estudiar Arte Dramático en Valencia y, desde que tomé la decisión, he trabajado para sobrevivir».
¿Emigrantes? 
«Algunos, sí. Yo no me quiero marchar. Trabajo como actor de teatro en Madrid y mi familia vive en Cartagena (Murcia). Ya se me hace duro estar a esta distancia y no quiero poner más kilómetros. Ni quiero abandonar el barco. Respeto y entiendo la 'fuga de cerebros', pero a mí me encanta mi país y quiero encontrar la estabilidad aquí».
¿Sin experiencia? 
«Mientras estudiaba trabajé en tiendas de ropa, bares y discotecas. Empecé a trabajar de manera profesional en 2011. Cuando pude ver la luz, comenzaron a cerrar salas de teatro y a bajar los sueldos de los actores. Cerró el canal de televisión autonómico, por lo que tuve que compaginar de nuevo trabajos como actor en los que en su día se cobraba un sueldo digno con otros de dependiente o camarero para poder mantenerme y seguir creciendo como actor con sueldos de risa».
¿Faltos de interés? 
«Si algo me interesa, voy hasta el fondo, investigo. Los conocimientos los tenemos muy a mano: basta estar un rato delante del ordenador. Poner el telediario solo hace que no creamos en nada. Me interesa mucho saber qué va a pasar con la gente que ha cogido dinero público y que nos ha estafado».
¿Apolíticos? 
«Hemos dejado de creer en las promesas. En la derecha, en la izquierda y en el centro. Lo que hay ahora no nos representa. A los que vienen detrás, aunque sus intenciones puedan ser buenas, no te los crees. Si hoy te roban en la calle y mañana se te acercan a preguntarte la hora, el corazón se te pone en la garganta. Entiendo que después de todo lo que nuestra generación ha tenido que vivir, y tras ver cómo se quedaban nuestras familias, estemos saturados».
¿Apañados? 
«Nos gusta la mejor tecnología, pero también nos hemos hecho expertos en reciclar. Nos ponemos un jersey de nuestro padre y lo lucimos como si fuera una prenda del mejor diseñador».
¿Solidarios? 
«En su día, nos metieron en la cabeza que a cierta edad había que tener una casa, una relación estable y un trabajo digno. Ahora compartimos casa, coche, gasolina... Y entre mi círculo de amigos nos hacemos préstamos cuando estamos un poco ahogados. Es mejor que un banco; la comisión luego es invitar a tu amigo a cenar».



Andrea Benito, 1992 Graduada en Comunicación Audiovisual
"Nos gusta la tecnología, pero nada comparado con la generación que viene detrás. ¡Yo todavía leo en Papel!"
¿'Minijobs'? 
«Sé lo que es trabajar gratis y también tener un sueldo de 200 euros. Pero necesito llenar mi currículo. En España hay mucha 'titulitis', pero vale más la experiencia. Empiezo ahora un máster de dos años que cuesta un riñón, pero que incluye un año de prácticas remuneradas. Yo no me lo puedo pagar, pero es una inversión en mi futuro y mi familia me apoya».
¿Autodidactas? 
«Tienes que ser espabilado. Yo hablo inglés perfectamente. Llevo saliendo sola al extranjero para estudiar en verano desde los 14 años. También hice un Erasmus. Procuré no juntarme con hispanohablantes, que es lo fácil, para así practicar idiomas. Me lo curré».
¿Generación búmeran? 
«Vivo de alquiler en un piso compartido en Madrid. Me fui de casa a los 18. Si no encuentro trabajo y tengo que volver, sería un fracaso, pero es lo que le está pasando a todo el mundo. Creo que yo me iría a trabajar fuera de au pair y a seguir practicando idiomas. Mi madre me dice que siempre tendré en casa una habitación, comida y una pequeña paga. Pero quiero conseguir mi sueño: trabajar en la radio. Y voy a luchar por ello».
¿Nativos digitales? 
«Sí. Siempre tengo encendido el móvil, estoy en las redes sociales... Pero no hay comparación con la generación que viene detrás. Tengo una hermana de 13 años y noto la brecha digital con ella. Todavía me gusta leer en papel, el olor a libro nuevo...».
¿Sin privacidad? 
«Hay muchas formas de privacidad. Yo puedo compartir muchas cosas de mi vida en las redes, pero no las importantes: si soy o no feliz, si estoy a gusto con mi pareja... Comparto en Instagram o Twitter cosas de mi vida diaria, de mis viajes... Pero sé trazar la línea de la intimidad».
¿Optimistas? 
«Sí y no. Si yo no pienso que me va a ir bien en la vida, ¿quién lo va a hacer? Pero sé cómo está el patio. El paro juvenil es desastroso. En las entrevistas de trabajo no finjo optimismo porque mis posibles empleadores esperen eso de mí. Soy como soy: sincera, lanzada... Y digo lo que pienso. No me corto un pelo».
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RETRATO 'MILLENNIAL'
El concepto 'millennial' surgió para definir a los nativos digitales. En su acepción más amplia abarca desde 1984 a 2004. El nombre 'generación Y' surge al ser la siguiente a la denominada 'generación X'. Estas son sus paradojas.
Nomadismo laboral
Cambiarán 15 veces de trabajo antes de cumplir los 40. Pero están abiertos al cambio. Son muy capaces de dejar un empleo si no les motiva, lo que sorprende desde la perspectiva de un país como España, en el que el paro juvenil hace estragos, pero no tanto en la Europa fuerte y los Estados Unidos, donde las grandes empresas ya intentan fidelizarlos para que no se vayan con el talento adquirido.
Propiedad 'abierta'
No son propietarios ni sueñan con serlo. Tampoco podrían. Así que prestan, comparten, alquilan... Son consumidores colaborativos. Lo que les importa es tener acceso a los bienes, no poseerlos. La propiedad los ataría y ellos están programados para moverse. Forbes lo considera la herencia de mayor calado de esta recesión, tanto que podría cambiar el modelo económico.
Autodidactas a la carta
En el mismo rango de edades coexisten los jóvenes mejor preparados de la historia con los ninis sin estudios. Pero el rasgo diferencial para todos será lo que cada uno aprenda por su cuenta. «No creemos en que otros nos enseñen. Aprendemos autónomamente lo que queremos y cuando queremos», expone Blanca Espigares, investigadora y arquitecta.
Ni funcionarios ni 'toyotistas'
A qué se dedican? Difícil respuesta. «Tienen un sentido poliédrico de la identidad», según Grant McCracken, investigador del MIT. Esto se traduce en múltiples intereses. Y también en una cierta inconstancia. La estabilidad a la americana o japonesa (trabajar en una multinacional) o a la europea (ser funcionario) no les atrae o la ven inalcanzable. Prefieren emprender.
La vibración fantasma
La nomofobia (miedo a estar sin el móvil) y el síndrome de la vibración fantasma están a la orden del día. Es una generación en la que el 70 por ciento chequea su móvil al menos una vez cada hora. Pero la tecnología es también su gran baza. Según la encuesta Global millennial survey, de Telefónica, el 78 por ciento confía en ella para garantizarle un futuro mejor.
'Marketing' del ego
Buscan la gratificación instantánea en las redes sociales (el botón de 'me gusta' es el paradigma global de la aceptación pública). El concepto 'amigo' y 'seguidor' tienen connotaciones adictivas e incluso comerciales. Es el nuevo marketing del ego. Cada cual es su propia 'marca' y vela por su reputación digital como si fuera una empresa. Crean versiones infladas y publicitarias de su vida.
El 'reality' como negocio
Decía García Márquez que tenemos tres vidas: la pública, la privada y la secreta. Hoy las dos primeras se han amalgamado y los millennials viven en un constante reality, aunque disponen de herramientas que preservan su anonimato cuando les interesa. Lo que se pierde en privacidad se gana en confianza. Y esta genera nuevos negocios (apps para compartir coche o casa...).
Marcas 'bajo vigilancia'
Decidieron subestimarnos con la etiqueta de generación malcriada, pero hoy son muchas las marcas que luchan por entender nuestras motivaciones. Los millennials somos personas fuertemente conectadas con un propósito social», explica Trini Campos, experta en comunicación digital. Las marcas deberán apoyar los valores y las causas sociales de estos nuevos consumidores.