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¿Que es SPOORA?
Spoora es una plataforma de mensajería instantánea que conforme la utilizas te da unos puntos, llamados spooris, canjeables por cobros en euros y/o donaciones a diversas ONGs.
Ahora bien seguro se preguntan ¿Como gano SPOORIS?
Se puede ganar Spooris de diversas maneras como:

-Ganas 5 spooris por mensaje hasta llegar a los 1000 puntos
-Ganas 3 spooris por mensaje hasta llegar a los 2000 puntos
-Ganas 2 spooris por mensaje hasta llegar a los 3000 puntos y en adelante
-Ganas 10 spooris por añadir un contacto
-Ganas 300 spooris por cada referido que haya puesto tu código de embajador

Para realizar tu cobro, debes llegar a los 20.000 SPOORIS (10 puntos son 0,05€)
Se que parece mucho, pero si haces cálculos, llegar hasta los 3.000 spooris no debería tomarte mas de 10 minutos al día durante 3 días, y durante 7 días mas hablando 30 minutos llegas y sobrepasas los 10.000 spooris y poder realizar tu cobro.

Verán que tienen un contador en la parte superior de cada chat si le dan click podrán ver sus puntos y su equivalente en dolares ademas podrán ver las opciones para solicitar el pago o hacer una donación.


¿Cómo empezar?


1.- Una vez descargada la App, la abrimos y nos aparecerá lo siguiente: Darle click en registro nuevo


2.- Luego nos aparecerá lo siguiente y colocamos lo siguiente:
Dirección de correo electrónico: Nuestro correo (IMPORTANTE: Para mayor seguridad colocar el correo con el que este su cuenta de PayPal también)
Contraseña: Cualquiera contraseña que deseen.


3.- Luego les aparecerá esta ventana arriba eligen su país (disponibles todos los países)
Colocan su numero de celular (Para que les verifiquen la cuenta)

Y en Código de embajador, SI COLOCAN EL CÓDIGOIGJK0406 se les añadirá 300 Spooris de manera directa.



4.- Luego de verificar el código (les llegará un mensaje a su celular con un código para insertarlo en Spoora) ¡Y listo! Tendremos nuestra cuenta disponible para generar dinero.

5.- Para añadir un Contacto debemos hacerlo siguiente:
      5.1.- Tocamos en la parte superior derecha al lápiz



     5.2.- Luego en la parte superior derecha le damos click a el icono con el signo de admiración (encerrado en el recuadro rojo)


¡Y listo! Solo debemos añadir su código. Si desean saber su código para que las demás personas los agreguen, solo necesitan volver atrás y darle click al recuadro dividido en mas recuadros (está encerrado en rojo en la imagen)


Luego le dan click a MI PERFIL y debajo de su nombre aparecerá su PIN (ese es el pin para ser agregado) Me encuentras con esta clave: IGJK0406


ADVERTENCIAS:

-No envíen mas de 16 mensajes por minuto ya que luego el programa los bloquea y todos los mensajes que envíen durante un minuto no sumaran spooris.

-Solo pueden generar 1000 puntos al día.

También pueden enviarme sus peticiones a  mi código, es: IGJK0406 para hablar y poder ganar dinero hablando.




Hoy te presentamos está nueva app llamada Foap que te permite convertir las fotos de tu celular en dinero y es sin duda una estupenda opción para ganar dinero rápido y, además, de forma totalmente gratuita. Y es válida para la mayoría de países del mundo, incluidos todos los de América Latina y España.


Lo primero es buscar la aplicación en la Apple App Store o en Google Play poniendo la palabra “Foap”. Descárgala, deja que se instale, y una vez finalizado esto, crea una cuenta con tu email y una contraseña. La app está únicamente en inglés, pero te aseguro que es muy intuitiva y fácil a la hora de usarla.






Sube la foto que desees vender a través de la aplicación. Es importante que sepas que sólo se pueden subir imágenes a través de la app y que no es posible hacer esto en su página web.

Ahora viene la parte más importante: antes de que esa preciosa foto que has tomado esté a la venta, es necesario que 5 usuarios la califiquen con una puntuación mínima de 2.6 puntos. Si la imagen no alcanza esa puntuación, la foto nunca se pondrá a la venta.


Cuando pases esta fase (y créeme, es bastante fácil pasarla) cada vez que tu foto se venda, te enviarán un email y una notificación a tu celular para comunicártelo. Asegúrate de tener la notificación de ventas activada para esto (lo puedes encontrar en la app yendo a Profile / Edit Notifications).



La subida de fotografías es muy parecida a Instagram: debes etiquetarlas para que otros usuarios puedan encontrarlas y así comprarlas. Pero recuerda: las etiquetas que uses deben estar escritas en inglés.



Cada vez que quieras retirar el dinero que has ganado, ya sean 5, 15 o 100 dólares, sólo debes ir a la sección “Cashout” y pedir que te paguen. Los pagos se realizan a través de Paypal, así que si no tienes una cuenta en esta pasarela de pago, ¡corre a hacerte una!

Si pides un pago antes del día 15 del mes, tu dinero estará en tu cuenta a finales de ese mismo mes (si pides el pago el día 12 de Octubre, lo ingresarán en tu cuenta a finales de Octubre). Y si lo pides el mismo día 15 o más tarde, tus ganancias serán transferidas a finales del siguiente mes (si lo solicitas el 20 de Octubre, tu dinero lo recibirás a finales del mes de Noviembre)



¿Qué fotos se pueden vender en Foap?

Por supuesto – y esto es evidente – sólo puedes subir fotos que hayas tomado tú y que sean de tu propiedad. Aquí tienes una pequeña lista sobre cómo deben / no deben ser tus imágenes para que sean aceptadas en Foap:

-No aceptan fotos que sean demasiado pequeñas, “granuladas” (normalmente son fotos tomadas por  la noche con pequeños puntitos blancos) o demasiado aburridas, así que ¡sé original!

-No es recomendable tomar imágenes en las que aparezca alguna marca reconocida ya que podrías  infringir los derechos de autor de esa marca o logotipo de alguna empresa.

-Se aceptan fotos con filtros ya que es la comunidad de usuarios de Foap los que deciden si la imagen  es suficientemente buena o no.

-Por supuesto, no se permiten aquellas tomas en las que aparezcan cuerpos desnudos, imágenes  violentas o algún tipo de maltrato animal.

-Si realizas una foto a una persona o grupo de gente, asegúrate de pedirles permiso para publicar y  vender esa imagen en Foap.

Es importante también que sepas que al subir tus imágenes, no estarás perdiendo tus derechos de autor sobre ellas. Así que puedes venderlas a otras personas, empresas, o páginas web de fotografía. ¡Un buen punto a favor de Foap!






En el verano de 1996, siete jóvenes investigadores del MIT llevaron a cabo un experimento para difuminar la línea entre el ser humano y el ordenador, para vivir de modo simultáneo. Durante varias semanas llevaron teclados en los bolsillos, radiotransmisores en sus mochilas y una pequeña pantalla delante de los ojos. Se hacían llamar ‘cyborgs’ y venían a ser una especie de monstruos.

«Hoy todos somos ‘cyborgs’», señala Sherry Turkle, psicóloga del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). Han pasado solo 16 años de aquel experimento y ya es una realidad: en la actualidad vivimos en conexión permanente. En apenas unos cuantos años, una gran parte de los habitantes del llamado Primer Mundo se han ‘fusionado’ con sus máquinas. Miran una pantalla por lo menos ocho horas al día, más tiempo que el empleado en cualquier otra actividad, incluyendo dormir. Cuando Obama se presentó como candidato a la Presidencia, el iPhone todavía no había sido lanzado al mercado. Los teléfonos inteligentes hoy superan en número a los modelos tradicionales, y más de la tercera parte de los usuarios se conectan a Internet antes de levantarse de la cama.

A la vez, el envío de SMS se ha convertido en algo tan natural como respirar: con independencia del grupo de edad, una persona recibe de media unos 400 mensajes de texto al mes, cuatro veces la cifra de 2007. El ‘adolescente promedio’ procesa el asombroso número de 3700 textos al mes, el doble que en 2007. Y más de las dos terceras partes de esos cyborgs normales y corrientes aseguran que a veces notan que su móvil vibra cuando en realidad no está vibrando en absoluto. El fenómeno ya tiene nombre: síndrome de la vibración fantasma. La investigación está dejando claro que Internet no es ‘otro’ simple sistema de transmisión de datos. Está creando un entorno mental nuevo.

¿Internet nos está volviendo locos?

No, si de lo que estamos hablando es de la propia tecnología o de los contenidos. Pero todas las investigaciones realizadas en más de una docena de países apuntan en una misma dirección. Peter Whybrow, director del Instituto de Neurociencia y Comportamiento Humano de la Universidad de California en Los Ángeles, afirma con rotundidad que «el ordenador viene a ser cocaína electrónica», generador de ciclos de euforia seguidos por bajones depresivos. Internet «produce estados de ansiedad y provoca comportamientos compulsivos», incide Nicholas Carr, cuyo libro The shallows -acerca de los efectos de la web- fue nominado para el premio Pulitzer. La Red «fomenta nuestras obsesiones, dependencia y reacciones de estrés», agrega Larry Rosen, un psicólogo de California que lleva décadas investigando los efectos de Internet.

El temor a que la Red y la tecnología móvil contribuyan a la adicción -por no mencionar los trastornos obsesivo-compulsivo y de déficit de atención- existe desde hace décadas, pero los escépticos al respecto hasta ahora llevaban las de ganar, apelando al sarcasmo muchas veces: «¿Con qué nos van a venir la próxima vez? ¿Con el abuso de los microondas o con la adicción a la barra de cacao para los labios?», escribió un crítico en 2006.

Pero las cosas han cambiado. Tanto que el manual que se usa para diagnosticar enfermedades en Estados Unidos incluirá el próximo año por primera vez el trastorno de adicción a Internet, si bien en un apéndice con la etiqueta «a ser estudiado». En China, Corea y Taiwán, en los que hasta el 30 por ciento de los adolescentes están considerados adictos a la web, ya está aceptado dicho diagnóstico, y el uso problemático de Internet está empezando a estimarse como una grave crisis sanitaria.

Conectados 24 horas… 

La decisión de estar todo el día conectado no siempre es propia. No es la elección personal la que lleva a la mayoría de los jóvenes empleados de corporaciones a mantener el Blackberry en la mesita de noche, junto a la cama, ni la que lleva al 80 por ciento de las personas en vacaciones según otro estudio de 2011 a cargar con ordenadores portátiles y teléfonos para estar en contacto con su centro de trabajo. Pero es que, en realidad, la elección personal tampoco es la que lleva a los usuarios de teléfonos inteligentes a chequear sus móviles justo antes de acostarse y a los pocos minutos de despertar por la mañana. Da la impresión de que estamos eligiendo utilizar esta tecnología, pero el hecho es que dicha tecnología se está haciendo con nosotros merced a su potencial para la gratificación a corto plazo.

Cada pitido puede ser aviso de una oportunidad social, sexual o profesional, y nuestra respuesta en el acto genera una minirrecompensa en forma de descarga de dopamina. «Estas recompensas son pequeñas inyecciones de energía que alimentan el motor de la compulsión, de forma muy parecida al frisson sentido por el jugador cada vez que alguien deja una nueva carta sobre la mesa -explica la especialista del MIT Judith Donat-. En términos acumulativos, el efecto es potente y difícil de resistir».

Relación entre Internet y la depresión

El año pasado, cuando el canal MTV encuestó a sus espectadores de entre 13 y 30 años sobre sus hábitos en la Red, la mayoría dijo sentirse «definido» por cuanto colgaban en la web, «exhaustos» por tener que estar siempre colgando información y por completo incapaces de abstenerse de Internet por miedo a estar perdiéndose algo. MTV lo denominó el síndrome FOMO (Fear Of Missing Out).

El último estudio sobre la relación entre Internet y la depresión es aún más triste. La Universidad del Estado de Misuri estuvo siguiendo los hábitos en la Red de 216 jóvenes, el 30 por ciento de los cuales daban muestra de depresión. Los resultados, publicados el mes pasado, revelan que los jóvenes deprimidos son los que más usan Internet, los que dedican más horas al correo electrónico, los chats y los videojuegos. También son los que cambiaban con mayor frecuencia de ventanas de navegación, en una búsqueda constante y no fructífera, o eso se supone. Son como Doug, un alumno de una universidad del Medio Oeste que tenía cuatro avatares y mantenía los cuatro mundos virtuales abiertos en el ordenador, junto con sus trabajos universitarios, correo electrónico y videojuegos. Doug dijo a Turkle que su vida real «no es más que otra ventana más» y que «tampoco es que se trate de mi mejor ventana».

Algunos tratados sugieren que en este mundo digitalizado podría estar el origen de formas incluso más extremas de enfermedad mental: trastorno múltiple de la personalidad, alucinaciones y psicosis. Un equipo de investigadores de la Universidad de Tel Aviv publicó a finales del año pasado lo que definen como los primeros casos documentados de «psicosis inducida por Internet».

¿Y qué podemos hacer al respecto?

Pues, para empezar, tomar conciencia de la situación, decidir cómo queremos que sea nuestra relación con la Red y las nuevas tecnologías. Lo que está claro es que es nuestra mente la que está en juego.