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::.. QUE SE SEPA MIERDA!!! ..::
miércoles, abril 15, 2015
Algunas de
las formas de abuso por parte de una madre- o por cualquier mujer-
podría enmascararse, o lograrlo a través de la manipulación. Un hombre
nos dijo que su madre solía ponerse en la bañera pidiéndole que le
ayudara a bañarse. Él era un adolescente antes de que finalmente fuera
capaz de dejar de lavar su espalda y sus pechos.
Es común
que las mujeres que abusan sexualmente a sus hijos utilicen la
manipulación y el control emocional. Una madre le dice a su hijo, por
ejemplo, que realizar cierto acto hará que mamá "se sienta bien".
Por su cumplimiento el niño recibe besos y abrazos, y ella finge que el
abuso es en realidad una forma de lavar su cuerpo. ¿Y qué niño no le
gustaría complacer a su madre?
Aunque a
menudo no se reportan, las madres y otras abusadoras femeninas pueden
ser violentas. Esto es particularmente evidente en el ritual del abuso
durante el cual las mujeres, junto con los hombres, son sádicos hacia
los niños (y adultos). Estos casos han sido expuestos, sin embargo, el
estereotipo y la realidad del "apego emocional" de la abusadora femenina
se le presta más atención porque confirma nuestra creencia de que las
mujeres son débiles, dependientes emocionalmente, y no violenta. Pero he
oído historias terribles de los hombres (y de mujeres) que fueron
golpeadas y torturadas por sus madres, y no sólo en el contexto del
ritual del abuso.
Hasta hace
muy poco, libros, artículos y sitios web aún no hacían referencia a las
mujeres que abusan a niños. A causa de que se le ha hecho caso omiso a
través del silencio, muchos hombres sobrevivientes viven en aislamiento,
el miedo, la vergüenza y la ira. Ellos no pueden hablar de ello o no
saben cómo hablar sobre ello.
Para
algunos hombres, se les hace difícil incluso a admitir que sus madres
eran las abusadoras sexuales. Dos veces en el grupo de hombres, he
mencionado a las madres como los perpetradores y he recibido respuestas
de horror de los hombres. Sabemos que sucede, pero los mitos culturales
siguen insistiendo en que las madres aman a sus hijos
desinteresadamente; las madres siempre tienen sus mejores intereses de
corazón; Las madres siempre están ahí para satisfacer las necesidades de
sus hijos; las madres nunca se sienten atraídos sexualmente a sus
hijos; incluso si ella se siente atraída por los chicos, ella no
abusaría a su hijo.
La primera
persona que escuché mencionar el abuso madre-hijo fue un escritor
llamado Manuel. Se unió a nuestro grupo y era bastante activo. Él y yo
nos hicimos buenos amigos. Una noche nos sentamos en los escalones de la
entrada en la oscuridad y me dijo: "Quiero decirte algo que sólo se lo he dicho a una sola persona".
Sus
palabras me sorprendieron. Cuando Manuel tenía quince años, llegó a casa
una noche y su única figura paternal su madre estaba borracha y se
había desmayado en el sofá. Trató de sacarla del sofá y ayudarle a
caminar de arriba a la cama. Ella comenzó a besarlo, acariciarlo, y
quitarse la ropa.
A la mañana
siguiente, él no sabía qué decir, y ella nunca lo mencionó. Unos meses
más tarde lo intentó de nuevo, pero él la empujó hacia atrás en el sofá y
se fue.
Todo
incesto madre-hijo no es tan obvio. A veces se disfraza de un cierto
aspecto de cuidado amoroso como higiene- una madre puede negarse a
permitir que su hijo se lave sus propios genitales. Podría ser tan
simple como sostenerlo con demasiada fuerza, presionando su cuerpo
contra el suyo.
Independientemente
de las respuestas de una cultura desinformada, la realidad es que los
niños son víctimas de abusos sexuales por parte de las mujeres. Algunas
personas lo ven como imposible porque insisten en que un hombre no puede
ser agredido sexualmente por una mujer. Otros lo ven como algo
sexualmente excitante.
La
existencia de abusadoras femeninas y hombres víctimas desafía muchas de
nuestras creencias muy firmemente arraigadas sobre las mujeres, los
hombres, la sexualidad, el poder y abuso sexual. Desafía, de hecho,
nuestras nociones acerca de lo que es el sexo.
Seguimos con este tema en próximos mensajes
Por favor pegue su consulta debajo del artículo que leyó en mi página dónde dice "publicar un
comentario en la entrada" con mucho gusto le respondo por allá, esta
consulta como todas las demás beneficiará a otras personas que estén
atravesando la misma situación. Póngase de anónimo.
Solicito
tenga paciencia las consultas se van respondiendo de acuerdo a la lista
de espera. Se agradece y se le responderá tan pronto pueda.
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jueves, marzo 05, 2015
La sociedad occidental-capitalista contemporánea se soporta bajo diferentes normas prescriptivas tanto sexuales, psicológicas, sociales como políticas, estás son mediadas a través de instituciones regulatorias –a partir de la maternidad, siguiendo con la familia- y agentes sociales –los sujetos- en torno a la cohesión colectiva y omnipresente entre la moral cristiana y en un discurso mediático y espectacular que funcionan también como soportes de la sociedad normativa. Cualquier sujeto que se desvíe del cuadro normativo y de las construcciones morales e ideales de la sociedad será patologizado y criminalizado, habrá diferentes instituciones médicas y jurídicas destinadas a su regulación, control y corrección. Aquí el pedófilo aparecerá como un sujeto de desvío, el pedófilo será un desviado de la norma sexual hegemónica –sexualidad construida a partir del siglo XVII-, el pedófilo atentará contra todas las normas morales, sexuales y sociales, por lo cual se fabricará un discurso mediático que convertirá al pedófilo en el peor enemigo de esta sociedad, posiblemente aún más de lo que en el pasado pudieron ser el loco, el monstruo o el criminal. El pedófilo además será un incorregible sexual, será símbolo del sujeto anormal en términos sexuales –al lado del incesto y algunas prácticas sexuales que escapen la hetero-norma y la monogamia-, por lo cual los poderes políticos, religiosos y sociales -aún cuando en sus morbos internos necesitan de la pedofilia- construirán una serie sensibilidades colectivas para transformarlo en su peor enemigo. La pedofilia y otras prácticas desviadas funcionarán por los aparatos de verificación médicos y jurídicos como constructores de sensibilidad, lo que se traduce en una discursiva mediática que regulará la norma.
A pesar de que exista un discurso colectivo y mediático que sentencia a la pedofilia como práctica perversa, son los mismos medios los promotores de una sexualización rápida en la infancia de acuerdo a los roles asignados por norma, patrones de belleza y por la construcción biopolitica dual de género. Se podría concluir que a pesar de que la norma sexual no aceptará la pedofilia por considerarle desvío, se difunde silenciosamente una discursiva mediática que construye imaginarios adultos en torno a identidades infantiles sexualizadas, se trata de que el adulto transgreda la norma sexual abrazando la pedofilia con el niño, un ejemplo pedagógico de la sexualidad en torno a esto sería la industria del porno que durante el último siglo se ha esforzado en transformar la figura de la “escolar, niña o adolescente” en sujeto del deseo colectivo y mercantil, pero silencioso.
Hacer un análisis crítico en torno a la figura del pedófilo significará tener en cuenta una serie de cuestiones previas, partiendo por las diferentes interpretaciones y connotaciones culturales que ha tenido la pedofilia como práctica sexual –dominadora si se quiere- en otras culturas o periodos de la Historia. Se sabe que en la actualidad en algunas partes de Medio Oriente la relación sexual entre adultos con niños o adolescentes se encuentra totalmente aceptada por la sociedad, aunque también obedece a una normativa religiosa, política y jurídica. Por otro lado la pedofilia en la antigüedad –principalmente en Europa- ha pasado por una serie de evoluciones en torno a su entendimiento y convención histórica, en algunos periodos y lugares ha sido una práctica normalizada, un ejemplo de ello fue en la antigua Grecia donde las relaciones sexuales pederastas eran totalmente aceptadas por el discursivo colectivo, pero en otros momentos históricos fue también sinónimo de lo perverso, aunque en todos sus entendimientos o desarrollos obedecía a una serie de soportes y protocolos jurídicos, médicos y políticos, así como una sensibilidad pre-fabricada.
La figura del pedófilo y de la pedofilia en la sociedad actual serán no solo consideradas una práctica perversa y dominadora -con lo cual concuerdo en lo segundo-, sino también una temática tabú y silenciada, ¿será que la sociedad en su morbosidad y excitación sexual por lo transgresor teme desaparecer la pedofilia?, quizás, habría que recordar que la pedofilia ocurre con más frecuencia en la institución primera, la familia. No obstante, me resulta urgente invitar a la reflexión crítica, no a través del imaginario o sensibilidad pre-fabricada por la norma o el discurso mediático, sino analizando los trasfondos individuales, culturales y políticos y las significantes sociales en torno al pedófilo y pedofilia.
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